
Me iba de viaje un fin de semana y necesitaba un libro para la ida y la vuelta en avión. El libro cumplió perfectamente su cometido porque me duró eso. Entre el metro, la espera para embarcar y el vuelo (ida y vuelta), me lo fundí. El autor trata el problema de la gente que no quiere leer y habla de su experiencia profesional como profesor. Da algunas ideas muy buenas sobre la educación en la lectura. Pero lo que más me gustó fue notar su amor por los libros y su particular visión del lector, expresada al final del libro en sus "derechos del lector".
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