Tenía aún en la retina el final de "El chino", ya tenía elegido cual iba a ser el siguiente ("El niño con el pijama de rayas"), pero no tenía ganas de empezarlo en ese preciso momento. La tarde se me había despejado considerablemente, me esperaban dos largas horas en el sofá. Buscaba por la biblioteca un libro para empezar y acabar en ese lapso de tiempo. Debía ser distinto a los anteriores, para cambiar el chip. Y de pronto lo ví. Ya había oído hablar varias veces del señor Irving y de su famosa leyenda de terror, así que no me lo pensé mucho y lo cogí. Fue una tarde muy buena, paseando por el misterioso valle de Sleepy Hollow, acompañado por el profesor Crane y por el jinete sin cabeza. En muchos momentos me recordó al estilo de Mark Twain, tanto que no me hubiera extrañado ver por ahí a Tom Sawyer. Si alguien lo descarta por aquello de que es una historia de miedo, que no se engañe, porque no asusta ni una pizca. Además, cumple perfectamente con un conocido dicho...